Ecuador mochila al hombro. (Parte 3 y última)

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Ya estamos llegando al final del viaje a Ecuador que hice en julio de 2009. Una experiencia llena de contrastes entre el modo de vivir que tenemos en Europa, nuestros estándares de pudientes y su avidez por conquistar prematuramente nuestro estilo. Ecuador es un país en desarrollo con muchos problemas de pobreza y desigualdad todavía. Fue muy gratificante ver cantidad de carteles de la Unión Europea financiando proyectos de ayuda y que gestiona un amigo, Alvaro de Vicente con casa en Montuerto, León. Como siempre, hubo quien intentó timarnos o robarnos pero en todos los países hay inseguridad y gente mala, ¿no?

Volvamos al viaje…

Quito –  Otavalo – Puerto López y Montañita.

La capital de Ecuador tiene su parte antigua, colonial, bonita y cuidada y, sus suburbios, centro nuevo y crecimiento sin orden ni concierto, hasta aquí nada nuevo.

Recomiento encarecidamente la visita al Museo de la Fundación del pintor Oswaldo Guayasamin y la Capilla del Hombre. Impactante y sobrecogedor espacio para la reflexión sobre la historia de latinoamérica. Callejear por el casco antiguo, recorrer sus plazuelas, palacios y museos es muy entretenido. Sobre la ciudad asoma el vocán Pichincha de 4.784 metros que en los últimos tiempos se ha mostrado muy activo.

De Quito a Otavalo salen autobuses con visitantes de todo el planeta. Este pueblo es una encrucijada desde la época preincaica, cuando los comerciantes de la selva se encaminaban hasta aquí a pie. Otavalo es un lugar próspero y amable, los hombres y mujeres llevan atuendos muy especiales y el ambiente es colorido. Su mercado tiene mucha fama y se pueden ver cientos de puestos con artesanos, comer chancho (mi plato favorito), comprar frutas, verduras, carne o pescado…hay de todo. Los otavaleños son los indígenas más adinerados y de mayor éxito de Ecuador.

De vuelta a Quito emprendimos un largo viaje en bus hacia la costa sur del país, la conocida como ruta del sol y destino vacacional de los guayacos acaudalados. Esta zona es sinónimo de playa y surf y está dentro del Parque Nacional Machalilla. El paisaje costero de bosques tropicales fue creado para proteger unos 50 kilómetros de costa, menos del 2% del litoral de Ecuador.

Estos días fueron de descanso después de tanto trajín con la mochila corriendo detrás de los autobuses, de trekkings, de regateos y de no parar. La llegada fue un tanto penosa porque nos costó encontrar un alojamiento aceptable en consonancia con nuestra necesidad de relax. Por fin hayamos el paraíso en la hostería Mandala, regentada por italianos y los días transcurrieron apacibles.

En los meses de verano, las ballenas jorobadas viajan desde la Antártida hasta Ecuador para aparearse. Tuve la oportunidad de ver ballenas azules en Islandia a 66º norte, pero en esta ocasión el espectáculo fue mucho mayor. Las ballenas en su cortejo saltan fuera del agua dejándose ver por completo, es muy emocionante. Salimos un par de día a verlas, uno de los cuales aprovechando un viaje en barco a la Isla de la Plata para bucear. La temperatura del agua fue magnífica y pudimos hacer dos inmersiones antes de comer, pudiendo ver tortugas nadando a nuestro lado. Aquí en Puerto López pudimos degustar ceviche, un plato de pescado marinado típico hecho aquí con corvina.

Una localidad próxima muy turística es Montañita, las olas de esta playa atraen a muchos viajeros y surfistas. El ambiente era rastafari, mucha gente joven con actitud relajada, puestos de pulseras y bares donde saborear la cerveza local: Pilsener que se vende en botellas de litro.

El viaje de regreso a Guayaquil lo negociamos con un conductor y lo hicimos en coche, dejándonos en el aeropuerto con el tiempo justo para embarcar. No nos interesaba pisar de nuevo esta insegura ciudad y preferimos disfrutar del paisaje por la preciosa carretera costera hasta Ballenita.

Un viaje mochilero inolvidable lleno de momentos divertidos, algún cabreo, pero sobre todo reflexión sobre la diferencia que hay entre nuestros países que se manifiesta en desigualdad. Vimos mucha gente mayor mendigar, mucho indígena harapiento, lisiados arrastrándose con las manos. Mientras tanto, sus compatriotas con más suerte miraban para otro lado con la mente puesta en comprase un teléfono móvil.

Tal vez te interese leer los post anteriores:

– Ecuador: mochila al hombro. Parte 1.

– Ecuador: mochila al hombro. Parte 2.

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