Ecuador mochila al hombro. (Parte 2)

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Comencé a relatar este viaje, que hice en 2009, porque creía haberlo hecho y al descubrir mi error, me sentí fatal. ¿Cómo puedo tener un blog en el que no he relatado todos mis viajes? ¿mis trekking más memorables? ¿mis experiencias de vida más útiles? Tengo mucho trabajo que hacer!!!

Así pues, continúo mi relato por el país del volcán Pichincha.

Ingapirca – Chimborazo – Baños – Quilotoa – Cotopaxi.

Del Altiplano meridional al central queríamos visitar las ruinas Incas de Ingapirca, un pequeño complejo arqueológico donde pudimos hacer una ruta a pie y seguir entendiendo el duro modo de vida de estas gentes. Habíamos leído sobre el descenso de la Nariz del Diablo y viajamos hacía un pueblo llamado San Pedro de Alausí. Por desgracia o por suerte, no estábamos en temporada y el tren que hace el trayecto no funcionaba. (Recomiendo ver el documental que he enlazado antes o este otro).

Decidimos seguir camino hacia Riobamba en bus con la intención de contratar un guía para visitar el Parque Nacional del Chimborazo, pero la ciudad no nos interesó de entrada y contratamos un taxi para ir al refugio del parque cuanto antes. La antigua estación del tren es ahora una confortable posada, un buen lugar para aclimatarse y hacer una excursión al refugio Carrel a 4.800 metros y algo de senderismo por los alrededores. Desde allí las vistas al Volcán Chimborazo de 6.310 metros te deja pasmada. Sólo un percance con una jauría de perros semi salvajes deslució un trekking fabuloso.

De Baños a Puyo.

Esta es una ruta en bicicleta que teníamos ganas de hacer ya que discurre paralela al cañón del río Pastaza. Tiene una pendiente negativa cercana a los 1000 metros y una longitud de 61 kilómetros, aunque hay algun tramo de subida. La llegada a Puyo tuvimos que abortarla, al estar en la antesala de la cuenca alta del Amazonas, nos cayó de pronto una tormenta tropical que nos obligó a coger un autobús de vuelta a Baños.

Allí disfrutamos de las aguas termales del volcán Tungurahua, activo en ese momento, en las Piscinas de La Virgen. Baños es un lugar exuberante, rodeado de cimas verdes, zonas termales, volcanes, cascadas, un lugar para descansar estupendo.

En los siguientes días viajamos al norte, ansiábamos descubrir más aldeas andinas y hacer la Ruta Quilotoa. Fuimos en bus a Latacunga y de allí a Chugchilán, en medio de la nada. Entonces subimos a una camioneta – pick up que compartimos con población local que la usaba en ciertos tramos. La Laguna Quilotoa es un lugar de gran interés y muy bello, las vistas desde el borde del cráter a la laguna (400 metros más abajo) son uno de los mejores recuerdos que tengo de Ecuador. La gestión de la ruta corre por cuenta de indígenas, algo inusual, que están intentando construir una aldea con puestos de artesanía para poder vivir del turismo.

Dejamos la paz de las montañas, de las aldeas, de la gente tranquila y nos volvimos a la vorágine de la urbe: Latacunga, pero solo lo justo para contratar el guia a Cotopaxi. Un autobus, que hace la ruta a Quito por la panamericana nos dejó a la entrada del Parque Nacional del Cotopaxi, el segundo volcán más alto del país con 5.897 metros).

En este viaje cargamos con nuestro equipaje a la espalda en todo momento. Hay que decir que los autobuses se cogen en la carretera, en cualquier lugar, y que no paran. Es decir, el cobrador o negociador del precio del billete, se baja en marcha y te ayuda a subir. Hay que estar ágil!! Por supuesto la gente viaja de pie, con niño, gallina o bulto que sea a la espalda. Son muy amables y te ceden el asiento si eres turista, pero a mi se me cae la cara de ver a una anciana de pie o a una mujer con su bebé.

Lo dicho, llegamos caminando al Hostal Cuello de Luna y al ver el Cotopaxi se nos pusieron los pelos de punta de la emoción. Este parque es muy especial, vimos campos de totora, planta que usaron las civilizaciones prehispánicas para construir barcas y conquistar el Pacífico, vicuñas, llamas, grandes aves…

Decidimos subir el volcán Rumiñahui de 4.720 metros y mi record hasta hoy. La subida fue más o menos bien hasta los últimos 200 metros en los que me sentí muy mal, se me congelaron las manos y después los brazos, tuve nauseas y vértigo. En cuanto descendimos todo volvió a su sitio y me sentí muy feliz.

En la próxima entrega, termino mi relato por Ecuador un país muy interesante que te recomiendo si eres viajer@ todoterreno.

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