Ecuador mochila al hombro. (Parte 1).

– ¿Por qué Ecuador?

– ¿Y por qué no? Es un país que lo tiene todo, choque cultural, cultura ancestral, volcanes y montañas de 6.000 metros, selva amazónica, costa al Pacífico, riqueza colonial, etnias y pueblos que conocer…

Este viaje duró cerca de un mes en el que viajamos en avión, autobús y taxi de sur a norte, de norte a sur. Una ruta circular que se inició y terminó en Guayaquil, pasando por ciudades como Cuenca, Riobamba, Quito o Esmeraldas. No hubo presupuesto para las Islas Galápagos, Las asiduas visitas de los norteamericanos hacen que los precios sean prohibitivos. Con todo y sin sin ésto, tuvimos suficiente “flora, fauna y primavera” para tener una pincelada de este país, en un momento en que más de 1 millón de ecuatorianos vivían en el nuestro.

Guayaquil – Cuenca – P.N. de Cajas.

La toma de contacto con un país en desarrollo siempre es cuanto menos chocante, pero dura pocos días, somos más flexibles de lo que creemos. Guayaquil es como cualquier cuidad populosa de este continente, caótica, sucia y abarrotada de gente que parece no hacer nada, sobre todo hombres (sin rencor chicos..).

La ciudad crece a lo largo del río Guayas y en su parte nueva estábamos los pocos turistas. Han diseñado un recorrido a lo largo de un malecón nuevo y sin ningún encanto, que finaliza en los pintorescos barrios de Las Peñas y Santa Ana. Ambos barrios históricos han sido remodelados para convertirlos en una versión idealizada de una aldea sudamericana. En este recorrido, cada 50 metros, hay un vigilante municipal con un walki avisando de tu paso a los demás, no te pierden de vista ni un minuto. Si, la seguridad en Guayaquil, es relativa.

Hacia el norte, el próximo destino era el Parque Nacional de Cajas que se eleva hasta los 4.500 metros. Este viaje en bus lo hicimos hasta la ciudad de Cuenca, que utilizamos como base para otras excursiones, en concreto a Chordeleg y Gualaceo. Estos pueblos los visitamos con un taxista imprudente en un viaje que podía habernos costado la vida. Los vehículos no cumplen ninguna inspección técnica y las señales de tráfico no se respetan, por supuesto, no hay cinturones de seguridad para los pasajeros.

En ambas localidades había mercado dominical y pudimos saborear el chancho, un asado de cerdo delicioso que se come con las manos. Chordeleg es famoso por sus joyas en oro y plata, había muchas tiendas de artesanía y en una de ellas nos hicimos con nuestro sombrero de paja – toquilla, que no es originario de Panama sino de Ecuador.

Ya en Cuenca pudimos disfrutar de una ciudad de arquitectura estilo colonial en perfecto estado de conservación, calles tranquilas, restaurantes cuidados y edificios históricos En el museo del banco central Pumapungo de caracter etnográfico vimos cabezas reducidas, llamadas tsantsas.

En el Parque de Cajas sufrí por primera vez mareos, dolor de cabeza y otros síntomas típicos de las alturas por falta de aclimatación. Su nombre es debido a la cantidad de lagunas o cajas interconectadas que existen, más de 200. En la oficina del parque nos recomendaros una ascensión fácil al Cerro de San Luis a 4260 metros (se parte de 3.900 y son unos 2 kilómetros, pero se hace duro). El paisaje es alucinante, está muy bien conservado y me sirvió de experiencia respecto a la falta de oxígeno y a la lentitud con la que se caminan a esas alturas.

Hasta aquí la primera parte de este viaje, continuará muy pronto! Mientras tanto os dejo unas fotos para hacer boca.

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