Lluvia de estrellas.

Foto de Dave Dugdale.

Foto de Dave Dugdale.

Llamé a mi madre para contarle que había estado en la montaña viendo las Perseidas anteayer. Le dije: “Hemos estado en Montuerto, la noche del lunes fue la mejor para ver las “lágrimas de San Lorenzo“. A lo que ella contestó: “Ah, pues no me había enterado, hace mucho que no voy a misa”. Entonces me sentí incomprendida y tuve ganas, además de llorar de risa, de contar esta experiencia.

El cielo visto desde la montaña.

El plan era subir al puerto de Vegarada, era el marco perfecto para una velada astronómica. En junio de 2011 habíamos salido a un descampado a las afueras de León para avistar el eclipse lunar que hubo entonces y aquello parecía la Gran Vía madrileña, esta vez quería intimidad.

Como las nubes cubrían el cielo a eso de las 12 nos volvimos a Montuerto y pusimos el despertador esperando que el viento “nos echara un capote”. Allí arriba, a 1060 metros de altitud, en medio de una oscuridad absoluta, con el perfil de las montañas enmarcando la vista, ver las estrellas te convierte en un ser tocado por la fortuna.

Comienza la lluvia de estrellas.

Así, a las 3 de la mañana, con manta y todo, giramos la cabeza al cielo buscando Casiopea y Andrómeda, en esa zona, próxima a la Constelación de Perseo, que les da nombre, es donde mayor número de estrellas pudimos ver. En la nebulosa de la Vía Láctea, a su izquierda,  los bólidos dejaban rastro de luz más duraderos y largos. Pero mi recomendación es poner la vista en “modo infinito” y abarcar el máximo de cielo posible, los ojos se encargan de enfocar cuando algo se mueve.

En poco más de 1 hora vimos más de 40 meteoros, todo un record. Pasamos un rato muy agradable contando estrellas y descubriendo constelaciones. La luna, que estaba en cuarto creciente, se ocultó pronto con lo que la noche era perfecta y muy clara. Sólo una leve brisa nos recordaba que estábamos a la intemperie y no en un planetario.

Todavía estamos a tiempo de ver más estrellas fugaces hasta el 22 de agosto y si no, el año próximo os recomiendo que subáis a la montaña a ver este espectáculo, no os dejará indiferentes.

¿Por qué será que las pequeñas cosas de la vida, casi todas ellas gratis, son las que te hacen sentir que vives plenamente?

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