Alternativas a un viaje organizado: Dinamarca (II)

El reencuentro con los vikingos.

Dinamarca fue para mi un paso adelante y una gran experiencia. No sólo es un país precioso, tranquilo, con gente agradable y lleno de rincones imposibles de olvidar. Es la monarquía más antigua de Europa, su bandera nacional también lo es y los daneses la izan en cada casa. Un país con un nivel de vida muy alto, sólo hay que ver sus datos macroeconómicos, pero para mi significó independencia y libertad.

Es verdad, viajar sólo no te permite compartir ciertas sensaciones. Pero hoy en día gracias a internet y a San Iphone, puedes hacer videollamadas con las que compartir en tiempo real, publicar en redes sociales y whatsappear lo que quieras.

Había visitado en 2006 Islandia y, hasta hoy, es el lugar más hermoso donde se han posado mis ojos. La isla perteneció al Reino de Dinamarca hasta mediados del siglo XX y, como conserva su lengua, escuchar de nuevo aquellas palabras me trasladó rápido a su paisaje único. En Islandia la cultura vikinga lo impregna todo y en Dinamarca, su punto de partida, pude recorrer vestigios de este pueblo. Visité, por ejemplo, el museo vikingo de Ribe para conocer algo más de estos agricultores y comerciantes. Si, a mi también me sorprendió, pero la imagen de guerreros e invasores que tenemos de ellos parece inexacta. En Jutlandia me encontré, por casualidad, con Bork Vikingehavn, una recreación de un poblado al aire libre.

Las sorpresas impregnaron el recorrido por el país, me dejaba llevar por mi intuición y curiosidad en cada momento. Cuando una fuerza tan poderosa como el aprendizaje fluye por tus venas no hay cansancio, no hay miedo, sólo está el impulso de llegar más allá.

“Las sorpresas impregnaron el recorrido por el país, me dejaba llevar por mi intuición y curiosidad en cada momento”.

Cada noche, en el hostel de turno, me organizaba el día siguiente, soy fiel a mi naturaleza: organizo pero dejo espacio a la improvisación. Más o menos había ideado un recorrido desde España echando cuentas de kilómetros que podía hacer al día y los sitios que parecían indispensables. Con este criterio de “dejarme llevar” hubo lugares que tuve que perderme, aunque gané otros.

La costa oeste de la península es increíble, muy salvaje y con impresionantes vistas del océano. Mi destino era Ringkobing Fjord, una zona donde los daneses tienen casas de veraneo. Como siempre hay lugar para la critica en este blog aprovecho para aborrecer de la costa española y del escaso respeto que la tenemos. ¿De dónde nos viene esa fijación con el hormigón, con aparentar y con destrozar el paisaje? Esta imagen es significativa de lo respetuosos que son en este país con su entorno natural. Abajo la Marbella danesa.

Esa noche dormí al lado del fiordo, en Stuer, en una preciosa casa de campo propiedad de un matrimonio. El alojamiento incluía es derecho a la cocina y uno de los paquetes de emergencia de cecina que, siempre me acompañan, me sirvió de cena. Para el desayuno mis anfitriones me colmaron con arenque marinado, fiambres, frutas, yogurt…una delicia.

Camino de Skagen, una de las paradas relevantes de este periplo me enamoré de unas vacas. La verdad es que parecían bisontes, tenían el pelo muy largo y una cara que me encantó. No era capaz de hacer 10 kilómetros sin desviarme o detenerme, creo que era la emoción que me causaba estar próxima al fin de Jutlandia.

Skagen es famoso porque fue el hogar de muchos pintores a finales del SXIX. Era un puerto pesquero con la peculiaridad de que en su costa, en Grenen, el punto más septentrional de Dinamarca, se funden el mar Báltico y el mar del Norte. Toda la zona es agreste y poco poblada, el paisaje está dominado por dunas y aves. La escuela de Skagen fue formada por artistas que sintieron la llamada de la “Tierra de la Luz”, como llaman a este lugar por la cantidad de horas de sol que tiene. Buscando la inspiración se encontraron con las barcas de pescadores, las instantáneas populares, los niños jugando en la arena, el mar. Un mar enérgico que disfrute en mi paseo por la playa de Albaek Bugt.

Cuando vas acercándote al final del arenal se aparece a tu izquierda el mar. Es decir, hay mar a ambos lados de una zona arenosa extensa. A medida que avanzas estos dos mares se van aproximando, hasta el punto en que, frente a ti, los mares se abrazan formando olas y remolinos. La foto no es mía pero puede ayudarte a entender mi descripción.

Puede sonar muy emocional, pero es que lo fue. Este momento me hizo olvidar las dos horas que pasé buscando un alojamiento de menos de 100 euros, imposible fuera de temporada. Al regresar al pueblo, que ahora es un centro turístico, tuve el tiempo justo de visitar el Museo de Skagen (ya tenía curiosidad por ver las pinturas, me gustó mucho) y de tomarme una cerveza nacional, Tuborg.

Y hasta aquí mi recorrido por Jutlandia oeste. En el próximo y último post, relataré mi vuelta por la costa este y la visita a Kobenhaven/Copenhague. Decir como colofón:

“En España que bien comemos y en Dinamarca, que bien se abrigan. Me encanta su ropa de cama.”

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– Alternativas a un viaje organizado: Dinamarca (I)

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