Mis Paraisos: Durmiendo bajo las estrellas en Cabo de Gata.

– ¿Que es aquello, es el mar?
– Ja, ja, nooo, ¡son los plásticos de los invernaderos!

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Mi asombro fue absoluto, nunca había estado en Almería y aquello no estaba en mi esquema mental. La impresión inicial de estas tierras para alguien del norte, como es mi caso, puede ser de llegar a África, a la estepa, pues la aridez es total a finales del verano.

Después he vuelto en primavera y mi sorpresa ha sido ver los campos verdes, donde crecen las lechugas al sol y la sensación de frescor te hace dudar de que sea el mismo lugar.

Aquel viaje fue breve, aunque en realidad siempre se me hace corta la estancia en el Cabo de Gata, tan sólo estuve tres días que dieron para mucho. Llevábamos una tortilla de patata y una botella de vino para cenar en la playa, una idea genial. Nos dirigimos entonces a San José, una localidad grande y muy turística que por aquel entonces, hace diez años, no estaba tan indecentemente urbanizada como lo esta hoy. La playa a la que fuimos, la protagonista de este relato es de acceso a pie o en barca, el coche se quedó en el aparcamiento de la Ensenada de los Genoveses e iniciamos una caminata de cuarenta minutos hacia ella.

Las vistas desde el promontorio que separa estas playas menos accesibles y la semi urbana de los Genoveses, es rotundamente bella. Permite contemplar el contraste entre la tierra teñida de marrón y el azul intenso del mar mediterráneo, además carece de construcciones humanas, lo que le confiere el carácter agreste y virgen que lo hace auténtico

El primer baño en el Barronal supo como tocar el cielo, aunque en la costa corre una brisa que suaviza la temperatura, el trayecto supone una leve subida que nos hizo romper a sudar por el peso que transportábamos. El agua es transparente y se pueden ver bandadas de pececillos moverse con las olas; si te separas lo suficiente el espectáculo empieza de verdad, percibes que la silueta de esta costa es una de esas imágenes que te acompañará durante el resto de tu vida.

Cuando la tarde empezó a caer pregunté:
– ¿Donde vamos a dormir hoy?
– Aquí…

La experiencia de dormir en El Barronal se ha repetido, pero como toda primera vez no hay otra. Aquella noche ví la estela de la Vía Láctea y me enamoré para siempre de este lugar solitario. Viví con intensidad el amor y me bañé bajo la luna llena antes de cerrar los ojos. Despertar temprano y contemplar la luz y la calma del mar es algo que todos deberíamos vivir, para recordarnos que alguna vez fuimos libres de dormir donde el viento nos llevará y vivir sin estar sujetos a la tiranía del móvil.

“Aquella noche ví la estela de la Vía Láctea y me enamoré para siempre de este lugar solitario.”

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6 pensamientos en “Mis Paraisos: Durmiendo bajo las estrellas en Cabo de Gata.

  1. Diossss!!!! Los mismos recuerdos, las mismas sensaciones. Las playas de Cabo de Gata. Dormir al arrullo de las olas y con un cielo tan cuajado que todo él parece Vía Láctea. Y la serenidad interior que produce el ir y venir del mar: parece que fluyera también dentro del cuerpo.

  2. Cada vez lo tenemos más difícil para sorprendernos por eso estas sensaciones nos parecer tan reales, tan fuertes. #CabodeGata es especial porque tiene la capacidad de conmovernos. Nos pasamos la vida buscando emociones, enamorarnos de algo o de alguien y este lugar te atrapa. Estoy contigo en que la paz que consigo aquí es incomparable, me siento feliz y la felicidad es no querer que las cosas sean de otro modo. Gracias por visitar mi blog, nos vemos en Argentina!

  3. Dices “la felicidad es no querer que las cosas sean de otro modo”. Duda (lingüística o existencial, que sé que a las dos sacarás jugo): o… ¿es querer que las cosas no sean de otro modo? ¿Felicidad activa o felicidad pasiva?, jeje

  4. Llevo cuatro o cinco días (con sus noches) dando vueltas a tu frase. Y nada. Sólo se me ocurre simplificarla, acortarla… para que crezca: La felicidad es querer que no se rompa… por favor, que no se rompa… Es que no puedo elegir entre la noche y el día

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