Superar el síndrome postvacacional.

Leía en el muro de Facebook de una amiga hoy: “que no acabe el verano…” y recordé una frase que dicen en Ponferrada: “Después de la Encina, el invierno encima”. Lo entendí todo, ayer terminaron las fiestas allí, en honor a la Virgen de la Encina y la frase estará circulando como es habitual.

Por eso esta entrada se la dedico a todos y todas los que sienten algo de pesar porque han vuelto de sus vacaciones y tienen una mezcla de tristeza, horror por el otoño y el frío, congoja y carecen de una Fiesta como San Froilán, el 5 de octubre, para mantener el ánimo.

Desde luego no es lo mismo volver de unas vacaciones disfrutadas en nuestra casa que volver habiendo trastocado completamente nuestros hábitos. En el primer caso volver a la rutina será llevadero, en el segundo habremos de darnos un periodo de transición.

Pero, ¿Qué efectos tiene sobre nosotros la vuelta al trabajo?

Es desolador, pero los efectos son entre otros:

  • Ansiedad
  • Irritabilidad
  • Tristeza
  • Alteraciones del sueño

Muchas veces dejamos de disfrutar, ya en vacaciones, porque nuestra mente empieza a hacer la cuenta atrás de los días que nos quedan para volver a ver la cara de nuestro jefe/a.

Entonces, ¿Qué hacer para pasar el mal trago de la mejor manera posible?

La teoría nos dice que irán bien algunas de estas recomendaciones:

Incorporarse gradualmente, si es posible. – Hacer una lista de cosas pendientes para organizarse mejor y poder superar cuanto antes la sensación de que tenemos mucha carga por delante. – Delegar, en casa y en el trabajo. – Hacer planes para las próximas vacaciones. Marcarnos nuevos objetivos e invertir tiempo organizándolos nos dará energía para continuar.

Cuando estamos de vacaciones tenemos la sensación de ganar tiempo para nosotros, de recuperar nuestra vida de alguna manera por el hecho de hacer cosas que no hacemos cuando estamos dentro de la rutina laboral.

Podemos plantear de otro modo nuestro calendario y nuestra agenda. Como es imposible estirar el tiempo, la única alternativa es cambiar el uso que hacemos de él. Si queremos hacer deporte a diario y no vemos el momento tal vez podemos empezar a caminar para hacer ciertos recados, subir por las escaleras o hacer media hora de ejercicio en casa, acudir al gimnasio de viernes domingo o madrugar para ir antes de entrar a trabajar; de este modo ya no hay excusas si salimos cansados del trabajo. – Revivir hábitos de vacaciones. Tal vez echas de menos ese vermut que te tomabas a mediodia, ese paseíto al atardecer, ese rato de lectura. Intenta incluir en tu rutina semanal alguna de esas actividades que hacen que revivas esos periodos.

Escribe un diario de viajes donde reflexiones sobre lo que has experimentado y aprendido, sorprendido y saboreado. Sacar tus emociones te ayudará a plantear de manera positiva la recompensa que tiene nuestra actividad laboral, releerlo te moverá a esos instantes placenteros y te ayudará a visualizarte feliz.

Espero que la vuelta no sea dura en exceso y sirvan de algo estos consejos. En mi caso, la mejor medicina es pensar en el próximo destino.

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