Ni Chile ni Argentina, Patagonia.

Voy a desvelar el final, el viaje acabó bien y este es uno de los viajes que guardo con mayor cariño en mi memoria; aún así empezó mal. 

Tras hacer una cola de más de una hora, en el mostrador de facturación nos comunicaron que el vuelo traía 8 horas de retraso. Se creó entonces un ambiente de caos y malestar que nos alejó del estado de guardia que hay que mantener en todo aeropuerto en relación a tus pertenencias. Fue en el traslado a un hotel, en Guadalajara para pasar la noche, cuando nos percatamos de que nos habían robado la cámara de fotos, cargada y preparada para inmortalizar nuestra aventura.

Cuando finalmente llegamos al aeropuerto de Ezeiza no tuvimos demasiado tiempo para disfrutar de Buenos Aires, habíamos programado conocer la capital los días previos al regreso. En menos de 8 horas ya habíamos embarcado en un nuevo avión, de Aerolíneas Argentinas, que nos llevó al extremo sur del continente. Sobrevolar Tierra del Fuego, el estrecho de Magallanes, con su paisaje singular me causó gran impresión. Recuerdo mi felicidad, quería estar ahí caminar por cada sendero que intuía desde el avión, respirando el aire del fin del mundo.

Queda pendiente para otra ocasión pues, Ushuaia, sólo era una escala hacia Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz en la costa atlántica, habíamos recorrido 3000 Km. Una vez que aterrizamos el viaje no había terminado, el plan nos llevaba al extremo occidental y tras una parada en el puesto fronterizo, llegamos a Puerto Natales que pertenece a Chile. Para hacer ese viaje usamos el transporte terrestre, un autobús cruzó una llanura árida y desértica por una pista de ripio, un trayecto polvoriento en el que tardamos casi 6 horas en hacer menos de 300km, pudimos ver los primeros guanacos y ñandúes y he de decir que me encantó la experiencia.

Puerto Natales significó un oasis de descanso tras tantas horas de viaje. Es un lugar apacible en la costa del Pacífico donde termina un crucero que visita los fiordos chilenos, que es un buen plan para otra ocasión.

Parque Nacional de las Torres del Paine.

Una vez recuperadas las fuerzas nos dirigimos al Parque Nacional Torres del Paine. Allí teníamos planeado estar 3 días, el primero para hacer una ruta de 8 horas a las torres, con un lago helado a sus pies y, el segundo, para aproximarnos al refugio del Glaciar Grey donde pasamos la segunda noche y utilizar el tercero para volver a la entrada del parque y movernos a El Calafate, de nuevo en Argentina.

Decir que era muy bonito y que aluciné con el paisaje es como no decir nada. Este fue mi primer viaje mochilero fuera de España y me causó una impresión imborrable. Ahora cuando viajo, sigo buscando destinos con posibilidades para el trekking, el esquí, la montaña, el paisaje, pero cada vez es más difícil sobrecogerse. El mundo es maravilloso pero nuestra mente ha evolucionado buscando cortafuegos, atajos para estandarizar nuestras vivencia y trazar paralelismos que facilitan la adaptación a algo nuevo.

 “Ahora cuando viajo, sigo buscando destinos con posibilidades para el trekking, el esquí, la montaña, el paisaje, pero cada vez es más difícil sobrecogerse”.

El Parque de Torres del Paine es una zona de lagos y preciosas montañas con muchas posibilidades para andarines y escaladores. Tras cruzar en ferry el Lago Pehoé con los Cuernos del Paine asomando al frente, comenzamos a caminar el segundo día en un trekking de 7 – 8 horas hacia el refugio del Grey. La llegada a este lugar es bíblica porque es desde un alto que empiezas a ver los témpanos de hielo con sus distintas tonalidades de azul, nos sentamos en ese punto a comer algo, había que detener el tiempo. Tras tocar el hielo, beber y ducharnos con el agua del glaciar y una cena modesta, ya en el saco comenzó el estruendo del hielo al desprenderse y chocar. Rugía con una fuerza que te hacía sentir insignificante y, al mismo tiempo, privilegiada de vivirlo.

Parque Nacional de los Glaciares.

El viaje debía continuar, nos esperaba El Calafate, en la zona de acceso al Parque Nacional de los Glaciares, que es bañado por el enorme Lago Argentino donde vimos pelícanos rosados. Nos sorprendió que nada más sacar un pie del autobús, muchas mujeres se acercaron para proponernos alojamiento en sus casas, me parece una idea muy buena ya que te permite conocer mejor el modo de vida. En esta zona había un par de cosas que queríamos hacer, acercarnos al Fitz Roy y visitar el Glaciar Perito Moreno.

Contratamos un 4×4 que en una jornada nos llevó a recorrer el área de montañas más majestuosas de los Andes. El pueblo de El Chaltén fue el punto de partida de un trekking para ver “El Chorrillo del Salto”, una cascada; la laguna Capri, cruzar el Río Blanco, el Glaciar Upsala y comenzar la aproximación al Cerro Fitz Roy. La suerte y las nubes no nos dejaron ver su característico perfil, nos quedamos en la base o eso creemos porque no pudimos ver nada. De vuelta, a unos 30km del Chaltén, visitamos el Lago del Desierto, un lugar muy hermoso y conocimos la Estancia Anita, una de las mayores de Patagonia y donde vimos de cerca un avestruz. Nota (Una estancia es tipo de alojamiento, un rancho).

Gastronomía argentina.

Si bien en los albergues y refugios la comida era buena pero básica, cuando pudimos elegir restaurante fue una fiesta. Recuerdo unos Ostiones en Puerto Natales, varias parrilladas de órdago, impresionante la de El Calafate, los ñoquis.Memorable fue la comida que hicimos en Puerto Madero (Buenos Aires), una zona elegante donde la gente de dinero tiene sus yates atracados*. El cambio de moneda nos favorecía y aunque en la mochila no llevábamos indumentaria para la ocasión nos recibieron igualmente con una copa de champán.

En  mi memoria.

Me rompió el corazón una imagen de una niña, de poco más de dos años, desnuda en plena calle en el Barrio de La Boca, donde está el conocido estadio. Además, la leche que consumíamos era en polvo pero veíamos ganado vacuno de manera constante. Cuando te fijas en el paisaje no ves torretas, no hay tendido eléctrico de una población a otra,   lógico por otro lado pues las distancias son inmensas.

La música, un concierto mientras cenabamos, un tango en el Barrio del Caminito, que ambiente tan lindo, como dirían ellos. Y los mercados, la feria de antigüedades de San Telmo, totalmente recomendable, la Casa Rosada frente a la que sesteamos un rato

Argentina esta esperando que vuelva, falta mucho por ver y hacer…y esquiar.

(*) Leer comentarios al respecto.

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4 pensamientos en “Ni Chile ni Argentina, Patagonia.

  1. Dan ganas de meterse en tu mochila o agarrarse al cordón de tu bota para acompañarte en estos viajes.
    (como te vea Marisol aparcar un yate, te retira el título de patrona de embarcación deportiva)

  2. Ja ja! Te prometo que es un olvido, escribiendo el borrador hace unas semanas no recordaba el verbo apropiado y pensé “luego lo cambio”, ya ves que no. Conocí el barco de la Sole hace un par de semanas.. Vaya nivel! Por favor, no le digas nada que quiero volver a montar. Fondeo el barco de inmediato..:)

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