Japón en mi libreta. (Parte 1)

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Si piensas que está lejos el día en que visites este país, ten cuidado, lo mismo pensaba y cuando quise darme cuenta estaba haciendo la maleta para ir. Nada está lejos ya y la “democratización” del uso del avión hace posible casi cualquier destino.

Esta fue mi agenda para los primeros días.

DÍA 1

El viaje a Tokio, tras la escala en Londres, tuvo una duración de 11 horas, en aquel momento me prometí trabajar duro y ganar lo suficiente para no volver a comprar un billete de clase turista en mi vida. De momento no he viajado de otra forma.

La llegada al aeropuerto internacional de Narita fue agradable, no hubo sobresaltos en la recogida de equipajes, el cambio de divisa y el alquiler de un teléfono móvil. Lo que si sorprendió fue que a la hora de coger el tren que va a la capital, el Narita Express, hubo que esperar porque estaban limpiando los vagones. Aquí empezó el viaje más higiénico que jamás he realizado.¡ Viva !

Al pisar la calle por primera vez, los tokiotas me parecieron singulares: todos vestían traje oscuro y camisa blanca, parecían uniformes. Las ejecutivas usan falda y sombrilla, el sol caía a plomo. Fue difícil poner en práctica lo que había leído en la guía sobre no sacarles fotos ni mirarles directamente a los ojos. Curiosos eran también los taxis, los conductores los llevan impecables, como visten ellos que, además, llevan guantes blancos impolutos. Los asientos cubiertos con fundas que parece haber hecho a ganchillo su abuela.

Vamos de Roppongi hacia el Palacio Imperial, descubrimos entonces dos cosas, que no es fácil guiarse en Tokio, ya que las calles no tienen nombre y utilizan otro método para la numeración por bloques y, que no se puede fumar en la calle salvo en zonas habilitadas. De vuelta en Roppongi Hills visitamos Mori Tower, con vistas impresionantes que puedes ver abajo y una fabulosa exposición de Le Corbusier.

DÍA 2

El Templo de Senjo – ji está en el barrio de Asakusa y tenía un ambiente increíble, estaba lleno de turistas nacionales y de estudiantes, toda la zona está llena de puestos y tiendas. Después un recorrido en barco por el río nos lleva al jardín de Hamarikyú – Teien donde hemos visitado una casa de té.

El día continuó en Ginza, el barrio comercial caro con tiendas de marcas internacionales. Entre tanta modernidad por fin pudimos ver a un hombre y una mujer vestidos con los trajes tradicionales, los llevan para eventos y fiestas, es como llevar esmoquin. De aquí nos movemos en metro a Shibuya y Onomatesando, el dinero está en el aire, visitamos la tienda de Prada del estudio Herzog & De Meuron.

Ya en Shinyuku vemos una serie de rascacielos que quitan el habla, pero lo mejor ha sido descubrir una calleja de unos 3 metros de ancho llena de locales diminutos y algo cutres con un ambiente insuperable de japoneses, recién salidos del trabajo con sus maletines, comiendo y bebiendo.

DÍA 3

Shitamachi es el barrio donde Tokio tiene sus orígenes, tiene un ambiente popular, tranquilo y pintoresco. Tras la visita al Templo Keiojí hemos visitado un par de cementerios, la muerte tiene otra significación en esta cultura.

Desde que pisamos Japón comer ha sido una fiesta en todo momento, da igual que sea yakitori, ramen, sashimi, tempura, teriyaki, bento, onigiri… Pero la cena en el restaurante “El Almacén de la Luna” es el mejor regalo que puedo hacerle a quien quiera visitar Tokio. Tras la tranquilidad del local y alucinar con el bullicio de la noche tokiota (tiene el triple de población que Madrid), visitamos un bar de copas “El Christón“, un karaoke (era obligado) y la discoteca “Feria” con ambiente occidental, la noche se alarga hasta el amanecer.

DÍA 4

Hoy visitamos Kamamura al oeste de Tokio, una ciudad turística costera que fue capital de Japón. Es muy interesante porque está llena de templos budistas y sintoístas, empezaron a construirse el año 1100 más o menos, se podría decir que la ciudad ha crecido en torno y entre los templos. Los recorridos entre los santuarios son una preciosidad, paseos entre árboles centenarios, jardines muy cuidados, paz.

Este viaje lo hice a principios de un verano cuando estás deseando ponerte pantalones cortos y ver el sol. La verdad es que no conté con la humedad que impregnaba el ambiente y no me sentía segura sin una botella de agua siempre a mano. El ritmo del turista, pateando de aquí para allá, y el bochorno me tuvo los primeros días atolondrada, pero a todo se hace una.

Hasta aquí por hoy, en otra entrada relataré la visita a Kioto, Nagano y la cena en el restaurante Gonchapi, ¡que aparece en la película “Kill Bill”!

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2 pensamientos en “Japón en mi libreta. (Parte 1)

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