Mi experiencia africana: Etiopía. (Parte 2)

En el anterior relato sobre mi viaje a Etiopía he dejado patente cierta decepción con la población y el concepto de turismo que están desarrollando en los últimos tiempos. Este es un país de base agraria fundamentada en el café y el té que posee recursos naturales como el oro y tiene una geografía montañosa con gran potencial. Las autoridades están llegando a acuerdos con China para mejorar ciertas infraestructuras como las carreteras y existe cooperación internacional que intenta actuar como una palanca que acelere el desarrollo de Etiopía.

Paralelamente, es un país con tensiones internas entre cristianos y musulmanes que pueden saltar en cualquier momento. Estando allí hubo 9 muertos en el Merkato de Addis Abeba, uno de los principales reclamos turísticos y motor comercial. Además, tiene disputas serias con Eritrea, al norte, que han causado muertos a principios de 2012 entre turistas alemanes.

Con este panorama, y bajo un punto de vista muy personal, continúo relatando mis vivencias en esta peculiar nación.

¿Te gusta regatear?, ¡Bienvenido al paraíso! Cuando prepares el presupuesto para este viaje no hagas caso de los precios de tu guía sea la Bradt, la Lonely Planet, etc, la inflación de este país debe de ser del 100%. Incrementa cualquier expectativa en un 70%, pagarás como faranji (extranjero), darás propinas como si fueras Roquefeller, te timarán y abusarán de tu desesperación. Aquí se negocia el transporte, el alojamiento, los souvenir, excursiones con agencias de viaje locales; menos la comida todo.

La mochila minimalista es para los sufridores, no para mi. Hemos cogido ocho aviones, viajado en mini bus, el 80% de los vehículos que circulan son transporte público, si vas a las montañas debes contratar mula o un séquito OBLIGATORIO con furgoneta ( cocinero, conductor, guía y Scout). Es decir, apenas cargas con peso y no merece la pena llevar cinco mudas y dos pantalones, les cogerás manía. Menos en Addis Abeba, los hoteles no tienen lavadora, en el mejor de Lalibela hicimos colada y tardaron tres días en devolvernos la ropa que olía a comida y a humo. Una recomendación si eres mujer, no te pongas pantalones cortos, te mirarán con descaro y es más higiénico llevar cubiertas las piernas.

Cuanto placer hay en una cerveza, wifi y la comida de un avión. Ducharte si había agua, si tocaba cambiarte de ropa interior, una cervecita, conectarme si había red, ¡la felicidad es tan poca cosa! La comida fue un problema, digerir Injera, la comida nacional, significaba pasar un mal rato. Tras vómitos y diarreas decidimos que lo menos picante eran los espagueti, una semana comiéndolos me hizo apreciar el quesito y las crackers del avión. Lo reconozco, he pasado hambre.

¿Nadie me entiende? ¡Sólo quiero caminar a mi aire! Misión Imposible, olvídalo, aquí todos van andando a todos los lados, no comprenden que quieras pasear sin rumbo y descubrir la localidad de turno con tu mapa. No encontrarás una señal, una indicación, un sendero marcado, una ruta, un cartel indicando el nombre de la iglesia. Si lo hubiera se acabaría su concepto de turismo que básicamente es:

“vas a estar soltando dinero hasta que te vayas, te vamos a sacar todo lo que podamos. El futuro no existe. pues no tenemos visión a largo plazo; no queremos saber lo que te gusta, nosotros decidimos que es interesante hacer y ver”.

Entiéndeme, no estoy pidiendo la red de senderos de Suiza. He estado en Patagonia he hecho el trekking que me ha dado la gana y sin mapas. He estado en Ecuador y he visitado el Parque Nacional de Cajas sin guía. He ido caminar al Monte Fuji y los carteles estaban en Japonés, pero he sobrevivido.

Es decir, necesitas un guía para ir al mercado, para encontrar la estación de autobuses, para darte conversación en el tuc-tuc (transporte tirado por un ciclomotor), para ir al cajero, para comparte un colgante. Sé que esto existe en otros países, pero por ello no deja de ser agotador.

La religión el opio del pueblo.

“¿Os gustan los monasterios? Los dos primeros si. ¿Habéis visitado la Iglesia de Debre Birham Selasie? Como no, ¿Hay otra cosa que hacer?”.

Llegas a Lalibela, un sitio único en el mundo donde los cristianos excavaron en la roca sus iglesias para esconderse de los musulmanes. El pueblo está a 2600m sobre el nivel del mar, la montaña es empinada, ellos visten como las figuritas del Nacimiento Navideño, van con su túnica, vara, burro y petate. A las 5:30 o 6 empieza el ritual de oraciones megáfono en mano, te preguntas si no estaría mejor en unas clases intensivas de salubridad, higiene…callados. Entonces toca comprar la entrada a precio europeo, pero llevan exprimiéndote tantos días que ya ni sientes ni padeces. Empiezas la visita y los sacerdotes no te dicen ni hola, bueno si, cuando quieren que les saques una foto y te piden dinero por ella. Los hay por todas partes en Etiopía, una manera de no tener que buscarse la vida que recuerda el medievo. Los templos están sucios, llenos de pulgas, para más indignación te dejan ver espacios reducidos y tapan con cortinas la mayor parte.

Entonces, ¿Qué hacen con el dinero que pagamos? No existe ningún tipo de mantenimiento, de mejora, nada.

Sabes más idiomas de los que crees. Somos españoles y el inglés nos cuesta, pero somos listos y aprendemos rápido. Situación: una localidad confabulada para que aprendas idiomas, miríadas de niños corren hacia ti según apareces, eres un imán para los etíopes. Hello, What’s your name? Where are you from? Money? Shoes? Book? Pen? Where are you going? Si no hablas inglés, saben español, italiano, francés. Yo pasé por las siguientes fases: sonreír, pararme y contestar, contestar y no pararme, sonreír y no contestar, hablar una lengua inventada que sonaba a Euskara, hacerme la sordomuda, mirar fijamente al suelo y acelerar el paso para, finalmente, decir Baca! que significa basta.

Conclusiones sobre hacer turismo en Etiopía.

Se están cargando el turismo, está es la conclusión a la que llegábamos con todos los viajeros internacionales que conocimos. Creía que era un pueblo más orgulloso, pero se pasan el día pidiendo e intentando dar pena. Repartimos comida y dimos limosna, pero a quien no pedía. Presenciamos como, nuevamente, un país en vías de desarrollo se salta etapas, pueden ir sucios y roídos, pero no sin su móvil.

¿Es bonito Etiopía? Lo que yo vi si, pero desde luego hay otros que lo son más, Islandia es uno de ellos. Cuando les enseñaba fotos de la Montaña de León se quedaban contrariados, no imaginaban que fuera tan espectacular. Cuanto más viajo más valoro España.

¿Te gustó la gente? Las mejores, las mujeres que te sonreían y no te acosaban, me resultaron muy amables. Los hombres son pesados, muy directos; los niños provocan ternura porque se llevan la peor parte. Ver a un niño de cinco años limpiando zapatos te rompe el corazón. Por otro lado, muchos padres españoles se avergonzarían de la educación que están dando a sus hijos y alucinarían con lo bien enseñados que están éstos.

¿Me recomiendas ir? Si. Vas a apreciar mejor el mundo en el que vives, sufrirás al principio pero luego te haces. Nunca antes había entendido el significado de la palabra pordiosero hasta este viaje, pero tras el shock te acostumbras a todo.

Los etíopes sacan de quicio, pero acabas entendiendo que no saben más y sobre todo, que nuestra vida es dura pero la suya es injusta.

¿Te quejas de tu gobierno? Vete a Etiopía y sabrás lo que es mal gobierno. La gente del campo no tiene acceso a la propiedad privada de la tierra, pagan una renta al Estado. Sin embargo no tienen sanidad, tiene que lavar la ropa en un arroyo, transportar agua a la espalda varios kilómetros cada día, el acceso a la educación es limitado, no tienen ni una triste pista por la que acceder a sus chozas. Te sentirás orgulloso de estar en la Unión Europea y ver la cooperación que tenemos allí.

Estoy agradecida de la experiencia y feliz por la oportunidad de escribir una página en blanco cada día. “Distribución de la renta, salir de mi zona de confort, aprender y sentirme joven, alejar el miedo a la aventura“, son en mi cabeza premios que me ha dado Abyssinia.

NOTA: Fotos cortesía de Paula Mesonero, tomadas con un Iphone 4S.

Anuncios